viernes, 23 de agosto de 2013

Masa quebrada para tartas y tartaletas

Masa quebrada para tartas y tartaletas

Os voy a dar la receta “DE FONDO DE ARMARIO” 
que Yo suelo usar tanto para hacer tartas y pasteles, como la que usaremos en pasteles salados.

Para mi es bastante fácil de realizar, a mano o a maquina
 y desde luego que mil veces mejor que la que venden en los supermercados "con tantos ingredientes químicos" 

Además, cuando la probéis y veáis lo poco que se tarda en preparar, veáis que la podéis congelar para su uso otro día,
no la volveréis a comprar nunca más, os lo aseguro.


Primero vamos a saber diferenciar las variedades que hay.

TIPOS y ELABORACIÓN DE MASAS QUEBRADAS

-TIPOS DE MASA QUEBRADA:
Hay muchos nombres que encontrareis en las recetas definiendo una masa quebrada.

-Dependiendo si llevan azúcar o no, -si se elabora con mantequilla, aceite o manteca, 
-si se liga con yema de huevo u otros líquidos, etc.

Masa brisa
Harina, mantequilla, sal y azúcar (muy poca cantidad), agua o huevo para ligar. 
Sería la base de los quichés y bases saladas. 
Es la que venden más fácilmente (podéis ver su elaboración, pinchando en el enlace del nombre)

Masa sable: 
Harina, mantequilla, azúcar glass (una cantidad muy grande) y huevo para ligar la masa. 
Sería la base ideal para las tartaletas dulces y las galletas de mantequilla (podéis ver su elaboración, pinchando en el enlace del nombre).

Masa quebrada azucarada: 
Harina, mantequilla, azúcar en grano (bastante cantidad) y huevo (normalmente yema). 
Esta masa es muy friable, es decir, se desmenuza completamente al comerla, se la denomina por eso quebrada por lo quebradiza que es para comer.

Se suele usar sobre todo como base de tartas de queso y de manzana.

Masa o pasta flora “frola”: 
Harina, normalmente realizada con manteca de cerdo en vez de mantequilla y poco azúcar. 

Se puede usar tanto para hacer galletas, como base de tartas normalmente de frutas como el membrillo y la manzana 
(podéis ver su elaboración, pinchando en el enlace del nombre).

Masas sables con polvo de almendra u otro fruto seco: 
Ésta es la más fina "bajo mi punto de vista" para realizar galletas o tartaletas. 
Se añade a la harina un fruto seco triturado.
Para mí, la más esquisita es la de avellanas, aunque la de almendras es quizás la que más se usa, 
ya que es más fácil encontrar la almendra molida (harina de almendra) en los mercados.

-ELABORACIÓN DE DIFERENTES MASAS:

La masa sablé y la masa quebrada o brisa.
Ambos procedimientos son iguales, 
es decir: llevan al mismo fin 
y el sabor y textura son CASI  idénticos, 
tan solo las diferencian la forma de realizarlas y el aroma que les pongamos.

Cuando realizamos una masa de galletas por ejemplo, 
batimos la mantequilla del tiempo con el azúcar molido hasta que esté bien cremoso, 
incorporamos poco a poco la harina junto al huevo, 
seguimos batiendo y finalmente cuando esta ligado incorporamos el resto de la harina. Todo ésto intentando no sobar mucho la masa para que luego quede compacta y no se resquebraje al cocerlo.

La bola resultante sería una masa sablé.

- Si en vez de usar como grasa la mantequilla, lo cambiamos por manteca de cerdo o aceite de oliva, conseguiremos una masa de mantecados o pasta flora, dependiendo del resto de ingredientes elegido, aromas y el poner huevos, agua, leche, etc.


Hoy toca guardar en este cuaderno particular de recetas la elaboración de la masa quebrada o brisa, ya que las otras las podemos encontrar ya publicadas en otras recetas en el blog.

Tanto la que podemos usar en la elaboración de postres, como la que podemos rellenar con alimentos salados, muy recurrente en esta época de calor.

Como bien he dicho antes, es bastante fácil de hacer, 
no obstante, siempre que me pongo hago para dos o tres veces, una la uso en el día,
 la otra simplemente la envuelvo bien y al congelador, lista para cualquier momento que me apetezca hacer algo con ella.

 ÉSTA FÓRMULA ES LA QUE LOS FRANCESES LLAMAN 3-2-1. Tres partes de harina, dos de mantequilla y una de azúcar, aunque yo muchas veces bajo la cantidad de azúcar y de mantequilla, porque no me gusta con tanta grasa y casi siempre le pongo menos azúcar..

Ingredientes para la masa Quebrada dulce:
Con esta cantidad, sale suficiente para 12 tartaletas o un pastel de 22cm de diámetro.

- 75 gramos de mantequilla bien fría
- una pizca de sal
- 150 gramos de harina todo uso (mas la necesaria para espolvorear la mesa en el amasado)
- 1 huevo frío (según necesite la masa, os lo va a ir diciendo según mezclamos)
- 40 gramos de azúcar.

Se puede añadir aromas diferentes a ésta masa base, depende de lo que vamos a elaborar con ella: anís, canela, limón, vainilla, etc. Al gusto.


Ingredientes para la masa Quebrada salada:
- 75g de mantequilla bien fría
- una cucharadita de sal
- 150g de harina todo uso (más la necesaria para espolvorear la mesa en el amasado)
- una cucharada de agua fría
- una cucharada de leche fría

Preparación de las masas:
Independientemente de la que vamos a usar, el proceso de hacerlas es el mismo.

Mezclar los elementos secos, a ser posible tamizarlo, la harina con el azúcar y la sal para la dulce.

Y harina sólo con la sal para la salada.

Hacer una montaña con la mezcla de harina,

Reservando un poco para luego poner en la mesa para que no se pegue, posible que necesitemos un poco más, pero depende mucho de lo húmeda que se note la masa cuando la estiremos.

Echar en el centro la mantequilla bien fría cortada en cuadraditos para facilitar su incorporación, también podemos rallarla encima  sin calentarla.
Mezclamos con la punta de los dedos, de forma suave y no dando calor con las manos ni por mucho tiempo
 (si sois como yo, de manos calientes y encima con este calor asfixiante que está haciendo estos días en Madrid, parar un rato y meter la masa dentro del frigorífico para que se enfríe, porque si no, la harina empieza a absorber la grasa de la mantequilla y cambia luego la textura final)

Mezclar con las manos solo lo justo para que se mezcle, 
de este modo conseguiremos no activar el gluten de la harina, conseguimos una masa más bien seca y granulada, 
que bien nos recuerda al pan rallado toscamente. 

Es entonces cuando podemos añadir o bien huevo, o bien mezcla de leche y agua solamente como agente ligador de la masa.



Juntamos presionando hasta formar una masa homogénea, con la punta de los dedos, en ningún caso se recomienda amasar esta mezcla, 
solo juntar presionando, cómo sí hiciéramos un montón de arena de la playa.
Siempre lo mínimo posible, solo lo necesario para conseguir una masa que se pueda estirar a mano o con un rodillo, de otro modo se quedará duro al hornearlo.


Vamos añadiendo los líquidos o el huevo batido según necesite la masa, con la precaución de irlos echando poco a poco, y mezclando la masa hasta conseguir una textura que no se desmigaje.


Es más bien una masa suave, 
pero que no se pega en las manos, por la gran cantidad de grasa que se le añade.

Una vez realizada la masa, SIEMPRE RECOMIENDO DEJAR DESCANSAR UNOS 20 MINUTOS ANTES DE USAR PARA QUE SE RELAJE.


 La podemos estirar con rodillo (Mejor sin aportar más harina, estirarla entre dos papeles de horno)

Ó podemos ponerla directamente sobre el molde y presionando en todas direcciones hasta conseguir cubrir bien el fondo.

Forramos con ella el molde elegido.

En esta ocasión un molde redondo de 22cm de diámetro para hacer una tarta de queso 
y cómo dije al principio, yo siempre hago masa de más para tener para otras elaboraciones.
También para 12 tartaletas individuales, de un grosor no mas de 6mm, moldes enmantecados y enharinado o con papel en el fondo.




Metemos 30 minutos en el frigorífico para que se asiente y endurezca y así encoja lo menos posible cuando lo hagamos.

Recordar siempre que antes de hornearla o precocerla en blanco, pinchar varias veces para que no crezca, que aunque no subiría igual que un hojaldre, al llevar tanta mantequilla, cuando se hornea, ésta empieza a hervir, formando lo que conocemos cómo ampollas en la base.

(un truco buenísimo es cubrir con papel de horno bien la masa y rellenar de garbanzos, ó canicas, de este modo, el peso de la legumbre, hará que no suba y quede bien plana y blanca).


Ahora todo depende del uso que le vamos a dar, de la receta que vamos a preparar.

Se puede precocinar a blanco, 
que no es mas que precocerla la mitad del tiempo total para después rellenarla y volverla a cocinar junto al relleno elegido
 (ejemplo: pastel de manzana, de queso, de  espinacas bechamel y piñones, de carne o pollo, etc.) 
De éste modo, la masa quedaría más crujiente ya que no absorbe el líquido del relleno que le vamos a echar.

Ó podemos dejarla totalmente cocida para rellenar en frío. (Tarta de Nata y fresas, de ganache de chocolate, etcétera.)


Formas de cocer esta masa:

Horneado en blanco o precocido:
En horno a temperatura 180º "sin aire ó ventilador para que no se reseque" durante aproximadamente 12/15 minutos.

Sacamos, retiramos el papel que lo cubre y el peso que le pusimos para que no subiera "ojo, con mucho cuidado porque aparte de que quema mucho, está muy frágil y se nos puede romper" 
y rellenamos con lo que tengamos preparado, siempre intentaremos que el relleno que vamos a usar que esté frío, 
para meter de nuevo la elaboración al horno y continuar con la receta el tiempo necesario que precise el relleno elegido.

Para rellenar después en frío:
Tanto la dulce como la salada (ejemplo: nata con fresas, Ganaché de chocolate, ensaladilla, frutas o mermeladas, paté, salmón, etc.)

 El proceso es el mismo que en la otra forma, sólo que se tiene que dejar totalmente cocida.

Para esto, hornear 20/25 minutos, con cuidado de que no se doren demasiado.

TRUCO: 
Lo mejor es cocer como si fuéramos a usarla en precocido, de 12/15 minutos con el papel y los garbanzos, 
retirar el papel y el peso y volver a meter al horno hasta que esté dorada otros 10 minutos.

Yo he precocido en blanco los dos formatos, retirándole el papel y el peso a mitad de cocción, para después terminar hasta dejarlas doradas y bien hechas, ya que las voy a guardar para rellenar en otro rato.


Retirar y dejar enfriar 15 minutos sobre una rejilla antes de desmoldar de los moldes metálicos, pues en caliente tiende a romperse con facilidad.



Dejaremos enfriar totalmente y rellenamos justo antes de servir para que no se ablande.

Se pueden tener preparadas con antelación, ya horneadas para rellenar en frío, 
se conservan bien varios días, 
bien guardadas en una lata o taper, recomiendo cubrir con papel de cocina hasta su uso, yo las he tenido hasta 10 días perfectos.

Estas las hice y guardé varios días antes, ahorrando tiempo para una cena de amigos.
Luego las rellené justo antes de servir la cena, mientras preparo el primer plato.
Las he rellenado muy sencillo: con piña en su jugo partida en trocitos y cubierta de Ganaché de chocolate con licor de melocotón.

 Media hora en el frigorífico y el resultado: Deliciosas.






Como yo he decidido hacer siempre el doble de masa, 
la mitad la voy a congelar, 
Os voy a contar lo que yo suelo hacer: 
la dejo ya estirada entre dos trozos de papel de horno y la enrollo así, como la que podemos encontrar en el supermercado.
la cubro con film de cocina para que no se reseque y al congelador, ya le encontraré uso cuando vuelva de vacaciones.

Os dejo una semana que me tomo vacaciones, que ya se hace muy largo el año.
Éste año espero encontrarme cara a cara con algun@ de mis amig@s seguidor@s,
 a ver si puedo hacer una escapada, aunque solo sea para darles ese abrazo en persona que llevo tanto tiempo deseando,
 nos vemos a la vuelta SI QUERÉIS. Que descanséis.







jueves, 15 de agosto de 2013

Barquillos caseros, tulipas y conos para helados



Barquillos caseros, tulipas y conos para helados

Acercándose las fiestas madrileñas del mes de agosto, el día 15, se celebra la procesión de la Virgen de la Paloma y haciendo homenaje a la verbena de la paloma, he querido recordar este dulce tan clásico y antiguo que son “los barquillos” y a todas aquellas personas que han dedicado su vida a elaborarlos y venderlos, los barquilleros.

Parece ser que el origen de los barquillos se puede encontrar en antiguos escritos:
“la historia del barquillo’’ cuyo origen se supone tan antiguo como el del uso de la harina, pudiendo remontarnos a Egipto o a Roma, pasando por el cristianismo.

Aunque es muy posible que la receta original derivara del pan ácimo o directamente del pan divino “pan de ángel” y los cristianos repartía a los fieles en las iglesias, desde entonces su composición ha ido evolucionando ligeramente.

Este tipo de obleas dulces, se terminó enrollando para mejorar la conservación y traslado, dando origen así al famoso barquillo que hoy todos conocemos.

Los barquillos han pasado a la historia como postres exquisitos y empezaron a formar parte de los banquetes más importantes y recepciones.

Las noticias sobre ellos en el mundo medieval son abundantes, tanto en recetarios como en la literatura de la época, ya que eran sumamente populares y se comían en la mayoría de las mesas de los reyes, enrollados o como obleas, marcados con el escudo de cada casa real;
En las fiestas y bodas de los grandes señores: Barones, condes y duques los servían como postre exquisito;
Más tarde en la de los “nuevos burgueses” enriquecidos por el emergente comercio de especias y esclavos, por las conquistas de nuevos mundos o por las guerras;

Y ya por ultimo, se vendían por las calles en fiestas populares, casi siempre por algún esclavo o monje (en los monasterios, copiaban las recetas mas usadas y las realizaban también para repartirlas entre los menos agraciados, es por eso que los religiosos han legado a la pastelería una gran cantidad de elaboraciones que han llegado a nuestros días, como los Flaones que os mostré hace unos días). 

Se han encontrado utensilios de fabricar barquillos, que datan del año 1440, que llevan grabados los escudos heráldicos de la casa real de Aragón y posiblemente estos utensilios pertenecieran a la cocina de Juan II de Navarra y Aragón, padre del futuro rey Fernando el Católico y que el objetivo de la decoración heráldica de estos utensilios, no era otra que mostrar la supremacía y poder la corona y del rey de Aragón.

Por lo que he podido averiguar, la tradición del gasto de barquillos en el Occidente Europeo es larga y lejana, no solo en España, también en otros países del mediterráneo y más tarde, llegaron a América gracias a los conquistadores.

El barquillo en su definición según el diccionario es: una hoja delgada de pasta de harina sin levadura, miel y algún aroma, normalmente canela, a la que se da forma convexa de canuto para su mejor traslado.

Los barquillos se elaboraban antiguamente en las tahonas, hornos y obradores clásicos.

Al carecer de levadura y por la forma de barco del molde original, el dulce adquiere forma plana y fina. De ahí su nombre de barco pequeño.

Con el tiempo, la forma cambió al canuto actual y surgieron también otros tipos de masa al aromatizarlos con canela o limón, también nacieron después los tan usados cucuruchos para helados y las tulipas, realizados con la misma masa.

En Zaragoza, Oviedo, Madrid, Ciudad Real, Cataluña y en innumerables ciudades, los han denominado de diferente manera, pero es el mismo dulce.

Han aparecido historias y personajes ligados al barquillo, neulas o suplicaciones, (que es como comúnmente se llamaban en época medieval) en muchos escritos antiguos, en libros de historia, en nuestro Quijote de Cervantes:
----Mas lo que yo sé que ha de comer el señor gobernador ahora para conservar su salud y corroborarla, es un ciento de cañutillos de suplicaciones y unas tajadicas subtiles de carne de membrillo, que le asienten el estómago y le ayuden a la digestión.
Oyendo esto Sancho, se arrimó sobre el espaldar de la silla y miró de hito en hito al tal médico, y con voz grave le preguntó cómo se llamaba y dónde había estudiado. (Quijote, Rico, 1006)

En la Pícara Justina tenemos también un ejemplo:
----En su tiempo, los que ahora se llaman barquillos, se llamaban suplicaciones, porque debajo de cada oblea iban otras muchas que hacían una manera de doblez, mas las de ahora, como no tienen doblez debajo, sino una oblea desplegada en forma de barco, llámanse barquillos. Es vergüenza, todo está sofisticado.
(Pícara I, 174)

En Madrid todavía es costumbre verlos en ocasiones y fiestas señaladas.

El Barquillero de Madrid.
Vestidos siempre de chulapos, traje típico de la capital, los barquilleros proporcionan esa pincelada nostálgica y castiza en los lugares más comunes.
El barquillero en Madrid llegó a ser una figura tan cotidiana en la sociedad como lo eran el sereno, los tranviarios, las cigarreras o cerilleras y las aguadoras.

La presencia de los Barquilleros era tan común como la que hoy pueda ser el guardia o el repartidor de prensa gratuita, aunque ya se nombran los barquilleros en 1585 y se prohibieron durante muchos años (En un pregón dado en Madrid y firmado por los alcaldes de la corte en La plaza Mayor, el 5 de Abril de 1585, donde se prohíbe vender por las calles suplicaciones “barquillos”, buñuelos, ni resto de dulces, si no venderlos en casas o en tiendas como el resto de las cosas, así evitaban el pillaje y vandalismo de los por entonces mendigos o esclavos que vendían estos dulces).

Era frecuente verlos en el Retiro, en todas las plazas, verbenas, cerca de quioscos y demás celebraciones.


En la actualidad solo se ven en lugares típicos de Madrid como el Rastro, Calle Preciados, Bailen o Plaza Mayor y, sobre todo, en las verbenas populares de la villa, San Isidro Labrador y La Verbena de la Paloma, que es la que hoy os quiero mostrar.
                
El juego del barquillero:
A cuestas con la barquilla y grandes cestas de mimbre repletas de barquillos, nuestro hombre anima a los viandantes a probar suerte y endulzar su paladar, normalmente iban vociferando coplillas que animaran a los viandantes a participar y gastarse unas monedas.

Consiste en poner unas monedas que darán derecho a girar la ruleta de la barquilla.

El que saque la cifra más baja, paga los barquillos para el resto del personal.

En el caso de jugar solo, unas monedas dan derecho a determinadas tiradas en la ruleta, teniendo cada jugada un barquillo de premio, salvo cuando la ruleta se detenga en las casillas marcadas con un clavo.

En ese caso, el jugador pierde todos los barquillos ganados hasta el momento.

Acto divertido era ver cuando se juega entre varios amigos, incluso pretendientes de una misma dama, a ver a quien le toca pagar los barquillos, quien tiene mejor suerte o quien evita las casillas con clavo.

Haciendo participes a los viandantes, siempre ganará unas monedas el barquillero, recuperando la inversión que hace al comprar los barquillos en los obradores y a la vez sacándose unas monedas extra como sueldo.

La familia Cañas (ver imagenes) es una de las que mantiene esta actividad aunque en estos tiempos no se trate de un oficio, sino más bien una tarea temporal.

Noticia de última hora publicado hoy 14 de agosto de 2013 en Internet: cuando se retire Julian Cañas, hijo de Félix Cañas, se terminará un oficio y tradición en Madrid, Ójala y no sea así: http://www.metropoli.com/comer/2013/08/14/5208aae20ab7403951000018.html

Así que ya sabes, si encuentras a un barquillero en tu camino, no dudes en jugarte un barquillo a la ruleta, es posible que sea la ultima vez que lo encuentres por la feria de Madrid.

Además de endulzarte el paladar, estarás contribuyendo a mantener esta popular figura y ayudando a que no se pierdan las tradiciones.


Apunte: 
según mi querida amiga María de http://cosicasdulces.blogspot.com.es/ en su pueblo se llamaban Parises y quien los vendía Pariseros, así que aquí queda apuntado para que no se pierda. gracias amiga por tu aportación.



Ahora bien, conocida la historia, podemos imitar en casa el sabor tan peculiar de estas delicias.
En la antigüedad, estos se ponían directamente sobre las brasas en artilugios especiales o se preparaban para hacerlos en el horno en sus respectivos moldes.

Hoy en día hay aparatos eléctricos que dan forma a la masa facilitando su realización (barquillera) con la receta adecuada a su funcionamiento (cada fabricante aporta un recetario distinto, ajustado a la potencia del aparato en cuestión).

Yo no tengo la barquillera, pero no penséis que os va a hacer falta, podéis hacerlos en casa con lo que todos tengamos, en el horno, en planchas o sartenes antiadherentes, no son exactos a los comprados, pero se les asemejan muchísimo en textura y en sabor.

La cuestión es hacer una masa ligera, que se pueda extender muy fina y cocinar en muy poco tiempo para evitar que se reseque y quede fina y crujiente.

Hay que tener un poco de maña para darle la forma elegida rápidamente pues es una masa que en cuanto se quita del calor, se enfría rápido endureciéndose y ya no podréis darle forma.

Si os soy sincera, como no los hago muy a menudo, prefiero hacerlos en forma de galleta plana, no es que yo tenga mucha maña para hacerlos rápido, es por eso que prefiero hacerlos de poco en poco para si tardo en enrollarlo o darle forma de cono o tulipa, pueda remediarlo antes de que se me rompa, poniéndolo de nuevo un momento encima de la placa caliente, de este modo, podemos intentarlo de nuevo, pero sin pasarse o se nos romperán enseguida al secarse mas (los primeros se me rompen, como a todo el mundo, pero en cuanto que hago un par de ellos, ya salen bien).

La receta la tengo apuntada desde hace muchísimos años sin ningún apunte especial, así que supongo que la copié de alguna revista o libro, ¿Quién sabe donde o cuando?

Ingredientes:
- 100 g de azúcar blanca o morena (aunque en la receta original le añadían miel para endulzar)
- 60 g de mantequilla o aceite suave
- 1 huevo tamaño grande o dos claras
- una pizca de sal
- 100 g de harina de pan*
- 1 cucharada de canela molida (para darle aroma)
- 125 ml de agua fría (quizás un poco más, depende de la humedad del resto de ingredientes)

*La harina puede ser sin gluten, ya la venden panificable pero si no la encontráis, la proporción cada 100g es: 70% harina apta más 30%almidon de maíz o de mandioca.


La masa cocinada hay que trabajarla muy rápido, porque al enfriarse toma la consistencia del barquillo: muy quebradiza, es por esto que antes de comenzar, tendremos preparados los moldes donde vamos a moldearlos una vez hechos. 

Como hacer:
Se colocan en un cuenco hondo el agua, la sal, el aroma elegido y el huevo o claras batidas.


Mezclamos bien con una cuchara.
* Reservamos media taza pequeña de esta mezcla, por si la masa sale demasiado espesa, es conveniente ir añadiendo poco a poco, a cucharadas esta mezcla, según pida la masa, mas o menos igual que hicimos con las flores Extremeñas, hasta conseguir la textura ideal, mas bien masa liquida, como textura de la miel.

Añadimos el azúcar tamizado y la mantequilla derretida pero fría.



Sin dejar de mover, se incorpora la harina tamizada, poco a poco, ya sabéis: mejor hacerlo en tres veces para que la mezcla sea homogénea.

Mezclar bien con varillas, MUY IMPORTANTE: evitamos meter aire a la masa (remover, no batir).
La textura es ésta, liquida, para que queden bien finos y crujientes.

Si es necesario, añadir el batido reservado hasta conseguir la masa en la textura ideal.


Para hacer en el horno:

Ponemos en placa bien engrasada o con papel de horno, es indiferente y extendemos con la cuchara lo mas posible, para que sean bien finos.


Haremos 3 en cada placa, para evitar que se toquen entre sí, poner la masa sobre la placa separados para que no se peguen, o será casi imposible extenderlos bien finos.



Horneamos a 160º, de 5 a 8 minutos, en horno previamente calentado, con aire si tenéis para repartir mejor el calor (observar bien vuestro horno, cada uno tiene distintas funciones, lo mejor es poner la placa en la zona media, con calor abajo y arriba y que no se doren en exceso, los primeros es posible que tarden los 8 minutos, después al estar el horno mas caliente, es posible que os tarden los 5 minutos)


Despegar rápidamente con ayuda de una espátula “cuidado al estar blandos, se pueden romper si sois bruscos” y darle la forma que más os guste, doblados, enrollados, etc.

* Un truco para enrollarlos rápidamente y sin quemarse es: meter las manos en agua muy fría, incluso con hielo y secarlas antes de enrollarlos, de este modo tardareis más en notar que están muy calientes y os quemareis menos.


No son rulos perfectos, que estos son caseros, pero de sabor igualitos a los comprados.
¿Os animáis a hacerlos?


Se pueden hacer con forma de pañuelos para adornar postres variados, natillas, flanes, helados, etc, con tan solo doblarlos por la mitad y otra vez nada más sacar del calor.
Se pueden hacer con forma de canuto o cono de helados enrollándolos en cualquier molde metálico con esa forma nada mas sacar del calor.
Y de tulipa, con ponerlos en caliente sobre cualquier molde o flanera que tengáis en casa con esa forma, lo presionamos suavemente durante 15 segundos para que enfríe con forma de cuenco.


Una vez fríos, se conservan en buen estado más de 10 días, guardándolos en un tarro de cristal, para evitar que cojan humedad, pero cuidado, son muy frágiles. 


Me gusta hacerlos en una sartén antiadherente a modo de creps crujientes con sabor del barquillo, untada previamente con un poco de aceite para evitar que se peguen y enrollándolos nada más sacarlos del calor, pero he de reconocer que horneados están más secos y crujientes, ahora con estos calores, apetece menos encender el horno ¿no creéis?

Para hacerlos en sartén o placa de barquillos:
Se engrasa ligeramente la placa o sartén elegida con un poco de mantequilla o aceite suave, se pone a calentar y una vez bien caliente, se ponen dos cucharadas de masa en el centro.


Si es con maquina, seguir las instrucciones del fabricante;
si es con sartén:
Ayudaros con la parte trasera de una cuchara para extenderlo lo más fino posible.

En cuanto notéis que se empieza a secar y dorar levemente los bordes, es momento de darle la vuelta con ayuda de los dedos o una paleta de goma, como si estuviéramos haciendo creps (cuidado, quema un poco, hacer el truco que os he dicho antes). 

Se deja cocinar unos minutos hasta que se ven “ligeramente dorados” por las dos caras, si se doran en exceso, se quedaran duros.
Una vez sacados, hay que trabajar rápido enrollando y dándole la clásica forma del barquillo.

En medio minuto estará ya duro y pasado unos minutos, veréis que crujientes quedan.

Dejarlos enfriar sobre una bandeja o molde elegido.

Ya veis, es rápido de hacer y fácil, solo tenéis que tener maña al darle la vuelta y rapidez al enrollarlos y no os preocupéis de que no salgan perfectos, para eso son caseros, el sabor y textura será lo que buscáis.



*Los que comemos en mi casa son los aromatizados con canela, por eso ha sido la receta que os he puesto, pero os dejo varias opciones diferentes y os animo a que las probéis todas, pues son ligeras y muy ricas.

Podéis aromatizarlo con anís cazalla, agua de rosas o de azahar, esencia de vainilla, esencia de coco o ralladura de limón, cardamomo molido, jengibre, etc.… siempre una cucharadita del aroma elegido.


Planificar bien con antelación los moldes que vamos a usar para no perder tiempo buscando, podréis hacerlos con el sabor que mas os guste, están muy ricos, incluso aunque los dejéis con forma de galleta simple, os lo garantizo.

Ahora ya no tenéis excusa, hacerlos y volver a contarme si os han gustado.

Fuentes:
Fotos antiguas sacadas de internet:

Un abrazo.